Antes del inicio de la sesión.
En realidad, una sesión digiscopera comienza antes de realizar la salida al campo, de modo que en una buena planificación radica la clave para que la jornada culmine con éxito. Conviene tener en cuenta una serie consideraciones que, si bien en un primer momento podrían parecer carentes de importancia, llegado el momento pueden jugar un papel fundamental en el campo.
Un detalle muy importante, y que no siempre se tiene en cuenta, es la elección de una vestimenta adecuada para nuestra incursión campestre, escogiendo colores con tonalidades oscuras y discretas (verde oscuro, azul marino, marrón, negro), y evitando aquellos otros más llamativos (amarillos, rojos, verdes brillantes...) que contribuyan a delatarnos con excesiva facilidad ante los animales. Esto resulta especialmente importante si vamos a montar el equipo al descubierto, sin la utilización de un hide o del coche.
Habrá que revisar todo el equipo para comprobar que el material se encuentra en perfectas condiciones, como por ejemplo asegurarse de que las baterías están correctamente cargadas, que se dispone de suficiente soporte para el almacenamiento de las imágenes o que en la mochila están incluidos todos los accesorios necesarios.
También conviene proveerse de alimentos y bebida que eviten desfallecimientos (esto debe hacerse especialmente en jornadas duraderas y calurosas), informarse de forma conveniente si la zona que tenemos pensado visitar requiere de la obtención de permisos especiales para poder realizar fotografías, etc.
Asimismo, hay que tener en cuenta que los resultados obtenidos van a ser diferentes según la hora del día o la época del año en que sea realizada la fotografía. Las mejores condiciones para fotografiar se dan cuando la luz es suave, de forma que se pueden conseguir imágenes uniformes, con ausencia de grandes contrastes, que permiten apreciar los detalles de los sujetos. En verano, estas características se dan durante las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde; por el contrario, deben evitarse las horas centrales del día, que es cuando la luz es más dura, se da un fuerte contraste entre las luces y las sombras, y la temperatura del color es alta por lo que se hace aún más necesario realizar una correcta medición del balance de blancos, así como también conviene subexponer con –0.3 a –0.7 EV. para compensar el exceso de luz. En estas situaciones con fuertes contrastes, el control de la exposición ha de ajustarse en las zonas claras de la imagen para evitar que queden sobreexpuestas, algo que tendrá muy difícil tratamiento (o ninguno) durante el retoque posterior.
Al igual que sucede con las reverberaciones producidas por el fuerte calor, habrá que tener en cuenta que resulta complicado conseguir imágenes nítidas en zonas donde existen grandes concentraciones de agua, debido en este caso a la evaporación del agua. En invierno estas diferencias horarias no son tan manifiestas, por lo que se puede digiscopear normalmente todo el día ya que la ausencia de calor permite obtener imágenes más limpias y nítidas.
También señalar que de forma independiente a la época del año en que nos encontremos, el aprovechamiento de jornadas nubladas suelen ofrecer muy buenos resultados cuando los sujetos están próximos, precisamente por la ausencia de los fuertes contrastes mencionados anteriormente. En estos casos, si se utiliza una compacta para sacar el mayor rendimiento de la luz existente habrá que tirar a ISO 200 (una sensibilidad mayor no se recomienda, pues la aparición de grano es excesiva y convierte en intratable la fotografía), aunque con las réflex es diferente, ya que es posible subir a ISO 400 o incluso ISO 800 sin que la imagen se vea perjudicada por la aparición de grano. No debe preocuparnos que las imágenes aparezcan subexpuestas, ya que si están correctamente enfocadas se pueden conseguir resultados realmente increíbles una vez tratadas debidamente en el ordenador mediante un programa de retoque fotográfico.
La elección del lugar adecuado
La forma más práctica de obtener resultados positivos consiste en instalarse y mantenerse a la espera en un lugar concreto, convenientemente estudiado con antelación, de forma que se tenga constancia de la presencia de bebederos, perchas, comederos, etc. donde los animales acuden regularmente. Un buen conocimiento de sus costumbres contribuye a aumentar las posibilidades de culminar con éxito una prometedora jornada, pues entre otras cosas sabremos dónde buscarlo, a qué horas muestra una mayor actividad y si es confiado o esquivo.
Una vez encontrado el lugar ideal habrá que intentar mimetizarse lo mejor posible en el entorno para que no destaque nuestra presencia. Para ello disponemos de varias opciones. La más sencilla de aplicar, aunque no siempre es posible el poder hacerlo, consiste en aprovechar alguno de los muchos observatorios que hay situados en los humedales españoles más importantes, y que presentan la virtud de estar estratégicamente situados precisamente para realizar un correcto seguimiento de la avifauna presente en la zona; también se puede colocar el equipo al abrigo de la vegetación existente, y que podremos disimular aún más con el empleo de alguna red de camuflaje. La opción más compleja y sofisticada consiste en montar un hide, que también será convenientemente camuflado entre la vegetación circundante
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