Otra alternativa a todo lo anteriormente mencionado consiste en utilizar un vehículo a modo de escondite, un recurso bastante recurrido y que proporciona grandes satisfacciones, pues muchas especies están habituadas a su continua presencia y no lo reconocen como un peligro. Por lo tanto, fotografiar desde el interior de un vehículo posibilita el acercamiento a numerosas especies, algunas de ellas tan esquivas que resultaría impensable poder conseguir un primer plano si intentáramos hacerlo al descubierto. Podemos camuflarnos todavía un poco mejor si colocamos por encima del coche alguna red de camuflaje que contribuya a ocultar nuestra silueta.
Sin embargo, la utilización de este peculiar escondite está limitado a aquellas zonas que son transitables por vehículos, puesto que en zonas inaccesibles o restringidas habrá que optar por alguno de los métodos señalados con anterioridad. Se puede montar el equipo aprovechando como soporte el cristal de la ventanilla del coche mediante el empleo de una pinza (por ejemplo las comercializadas por las marcas Manfrotto, Opticron o Bushnell), aunque este proceder presenta el inconveniente de que parte del telescopio queda fuera y suele terminar asustando a los animales más cercanos; además, habrá que ser cuidadosos cuando se manipule el equipo, pues un movimiento brusco, unido al sobrepeso que supone colocar el conjunto en un soporte tan frágil, podría terminar dañando el cristal de la ventanilla.
Existe otra opción mucho más discreta, que consiste en montar todo el equipo sobre el asiento del copiloto (o en la parte posterior del vehículo, según modelos), de forma que permanece en el interior del habitáculo, pudiendo maniobrar libremente sin llamar la atención del sujeto. El estar instalados en el interior del coche proporciona algunas otras ventajas tales como la protección contra el viento, la lluvia o el frío, así como evitar una insolación y sombrear la pantalla de la cámara en jornadas soleadas.
Además, de esta forma también podemos rastrear el terreno moviéndonos por pistas y caminos (nunca por carreteras) en busca de los animales, aunque durante este desplazamiento hemos de prestar especial atención de no molestar a otros usuarios, así como cuidarse de no llevar anclada la cámara sobre el ocular del telescopio cuando nos movamos por terrenos irregulares (es más, se recomienda hacerlo siempre como medida de precaución), pues las vibraciones producidas podrían terminar dañando la rosca portafiltros de la cámara y el sistema de unión con la rótula.
Pero el fotografiar desde el interior de un coche también presenta algunos inconvenientes, como que el campo de trabajo está limitado a las dimensiones de la ventanilla o que resulta incómodo permanecer en el asiento durante varias horas sin apenas poderse mover.
También debemos considerar que en una jornada soleada la luz solar va a incidir muy negativamente a la hora de visualizar los cuadros en la pantalla LCD de la cámara, por lo que si no se tiene pensado fotografiar desde el interior de un vehículo, hide, observatorio o similar, habrá que estudiar la posibilidad de sombrear la pantalla mediante la utilización de un parasol o bien ingeniarse algún otro modo de actuar, como colocar el equipo al abrigo de alguna sombra, que podría ser el propio cuerpo del digiscoper. Si hace viento, debemos instalarnos en algún lugar bien resguardado, buscando siempre la mayor estabilidad del equipo. Asimismo, y siempre que sea posible, habrá que ser previsores y buscar una posición en la que el sol quede a nuestra espalda, de forma que evitemos los molestos y complicados contraluces.
Localización del sujeto y encuadre
Una vez instalados y con todo el equipo montado ya sólo queda esperar a que algún ave (o cualquier otro animal) se ponga al alcance de nuestro teleobjetivo. Algunos fotógrafos provocan la aparición de diferentes especies mediante el empleo de reclamos y el uso de comida. Sin embargo, la utilización de estos métodos es algo que debe realizarse con muchísimo tacto, sobre todo el tema de los reclamos durante la época de cría, que pueden llegar a causar importantes alteraciones en el estado anímico de los pájaros.
Cuando por fin haga acto de presencia el sujeto deseado entonces deberemos obrar con celeridad, localizándolo en la pantalla y realizando el encuadre correcto. Existen diferentes formas de llevar a cabo esta operación, de forma que la elección entre una u otra dependerá de cuál resulta más cómoda y sencilla de realizar.
Hay quienes optan por buscar al ave a través del telescopio, y una vez localizada acoplar al telescopio la cámara (con su adaptador ya colocado previamente) y proceder a la toma de la fotografía; esta manera de actuar facilita notablemente la tarea de búsqueda del ave.
Otros en cambio, una vez acoplada la cámara en el telescopio buscan al individuo directamente a través de la pantalla de la cámara (este proceder entraña una mayor dificultad para realizar una rápida localización que en el caso anterior). En estos casos se recomienda rastrear con el mínimo aumento tanto de la cámara como del telescopio, con lo que conseguiremos el mayor campo de visión posible. Una vez localizado el individuo, sin perderlo de vista se van añadiendo aumentos hasta conseguir el encuadre correcto.
Toda esta difícil tarea de localización se ve favorecida por el uso de un visor-buscador como los utilizados en las escopetas de aire comprimido pues, juega un papel fundamental reduciendo el tiempo de inversión en la localización del animal. También es de vital importancia que no disponga de ningún aumento, así como de su correcta colocación, próxima al telescopio y convenientemente alineado, de forma que una vez colimado correctamente el visor señale al mismo punto que la lente del telescopio. |